Esta mañana me he levantado con ganas de leer el cuento de “La dama salmon” de Quim Monzó, pero cuando he ido a la estanteria me he dado cuenta…que ese libro ya no está en mi estanteria…yo y mi manía de regalar/prestar libros a mujeres….si fuera alguna vez recuperando todos esos libros, mi biblioteca sería más grande que la de Alejandría….
En el año 98 trabajaba para una editorial, al final de una comida, unos de los editores de la compañia me dijo una frase que se me quedó grabada para siempre “Existen tres clases de gilipollas a saber…
1) El Gilipollas que presta un libro…
2) El Gilipollas que devuelve un libro que le han prestado…
3) …y por último el escritor que regala sus libros…
…Menos mal que hace años, ante esa incontinente tendencia mía de los libros y las mujeres…instauré un sistema de backup para poder mantener cerca los libros que me gustan…cada vez que presto o regalo un libro a una mujer, al día siguiente compro otro ejemplar y se lo regalo a un amigo mio (acabo de llamar a Roberto para que me preste el libro de Monzó)…lo mejor fue la cara de Luis cuando le regalé “Aires Dificiles” de Almudena Grandes…”¿Que hago yo con esto???”…”Lo tienes en casa por sí un día te lo pido”….
…Esta tarde iré a la FNAC…por sí acaso voy a comprar un ejemplar de “La tregua” de Mario Benedetti…y se lo regalaré a algún amigo…
Cuantas veces tienes que pasar delante de alguien o de algo para considerarlo familiar, cercano, incluso que esta pensado y hecho para ti.
Yo nunca sentí esta sensación antes de ahora, ahora que estoy en su universo de mariposas y flores, de colores y sonidos, de palabras y ruidos, ahora sé que hay un sitio que parece que esta hecho para hablar, para soñar, para olvidarse de que existen los problemas, para compartir…
Entra despacio, para que el guardián no se dé cuenta, y sonríe al entrar porque cuando estés dentro, te darás cuenta que ya estabas allí, incluso antes de entrar.
Cuando pases de la puerta, y si te repones pronto de la impresión, la descubrirás a ella, la niña estatua, el centro de este universo de lo familiar y lo cercano, de la complicidad, de la amistad.
No dejes que su belleza te asuste, deja que comience a hablar, desde este momento sabrás que es verdad que siempre estuviste allí, que los sueños es cierto que existen. Ella los dibuja, los inmortaliza en sus muebles, mil sueños en una silla, mil deseos en la cómoda.
Pero eso sí, en este universo tienes que escuchar para descubrir, tienes que mirar para recibir y tienes que abrazar para comprender.
Si, querido amigo yo estuve allí, o quizás solo lo soñé, pero si es así me gustaría que de vez en cuando este sueño tan agradable, tan cercano, tan familiar volviera a mí y volver a sonreír al guardián y tocar, abrazar y escuchar a la niña estatua.
“Una cosa diré, nunca dejes de hacer lo que tu corazón te dice”, así se despidió la niña estatua, cuando se desvaneció ante mis ojos. ¿Fue un sueño? No lo sé, pero todavía tengo su tacto en mi mano, su risa en mi cabeza, y su amistad y cariño en mi corazón.
Cuenta la leyenda…que Jane Allaire pasa siempre por delante de Louvre, para mirar desde una ventana la “Victoria de Samotracia”, lo que ella siempre quiso ser, una niña estatua , y permanecer inmóvil y ajena a todo y todos…aunque después va al barrio latino a bailar salsa…la paradoja de la estatua bailarina…
Cuenta la leyenda…que existe una cómoda en una casa de Francia, diseñada por Jane Allaire, que dentro de uno de sus cajones tiene estos párrafos que has leído, escritos de la misma mano del escritor…pincel contra madera…
Cuenta la leyenda…que la persona que posea esa cómoda podrá disfrutar el resto de su vida de unos sueños placenteros y del amor eterno al lado de la persona amada…
La última vez que el joven escritor vió esa cómoda iba camino de una tienda de Honfleur, no sé si esta historia es cierta…sólo sé que el escritor me la contó una noche después de compartir alguna botella de vino…
Si esta historia fuera cierta ¿Te gustaría poseer esta cómoda?
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Cuando abrí tu lista de propositos de año nuevo, “que Prada y Miu Miu bajen sus precios este nuevo año” ocupaba la segunda posición, la primera era que algún día te pidiera que te casaras conmigo y la tercera que nos hicieramos viejos juntos . Después tu preciosa firma y un feliz 2003. La abrí en el aeropuerto después de despedirnos y coger el avión de vuelta, de vuelta a Madrid.
Quien sabe porqué guardé esta lista de propositos, más cuando cuatro años más tarde nos separamos, quizás porque el día que te pidiera, si algún día te lo pidiera, te quería devolver esa lista de propositos, diciéndote que los propositos que dependían de mi se habían cumplido, una tonteria, ya lo sé, pero de tonterias como estás estan llenas las historias de amor.
Este año, feliz 2010, por cierto, pasé el día de año nuevo por la tienda de Prada, que anunciaba desde los escaparates, las rebajas de temporada, y como cogido por un invisible hilo, recordé esta vieja lista de propositos que ahora estoy volviendo a leer - mientras oigo a Lhasa de Sela como homenaje póstumo - y que seguramente acabe en la papelera esta noche.
Ahora entiendo porqué incluiste el único proposito que alguna vez todavía se puede cumplir, te deseo que si no es este año, que sea el siguiente, y que Prada y Miu Miu bajen sus precios, feliz año.
Lo decidí ayer. No se trata de una fecha especial, por lo menos hasta hoy. Pero amanecí con la intención de hacerlo y no esperaré a los propositos del nuevo año. Dicho y hecho, lo he tirado todo, las agendas, las cartas, los libros, los cuadros y los discos… todo lo que me recordaba al pasado, no a ti, si no a mi pasado.
Que porqué? Porque hace ya cuatro años dijiste que cuando el tiempo pasára mirariamos al pasado con una sonrisa, que escribirias sobre lo nuestro con nostalgia pero con alegría… pero no ha sido así. Han pasado cuatro años desde que te marchaste y hacia más de dos que no nos veimos y me sigues mirando entre las rendijas de tu trinchera, y sigues buscando mi mirada con miedo y cuando la encuentras huyes, como siempre, se te da muy bien, casí mejor que escribir.
Y resulta que te han dado un premio, por fin un premio a una de tus obras… “Subprime”, de veras que me alegro, pero no me pidas que lo lea ahora y que te envie mis impresiones y reflexiones. Para ser sincera sólo he leido el reparto y no veo mas que personajes masculinos. Nuestra gente común que la leyó dicen que las mujeres estan todas detrás…
Ya nos veremos, supongo que dentro de otros dos años por lo menos, sé que vienes más por la Capital pero no me llamas, ya sé porque, no hace falta que me engañes enviandome tu agenda laboral que no son más que excusas. No me llamas porque no quieres verme, no te atreves, sabes que no verás a esa chiquilla dulce e inocente, ahora no, interrumpiste mi inocencia y ahora soy lo que ves, una mujer segura que ya no escondo mis sentimientos y mis pasiones que dicho sea de paso, hacia ti se evaporaron el mismo día que decidiste emprender tu nueva aventura que por lo que veo en tu mirada, no ha sido más que una aventurilla que tendrás que llevar de por vida.
Espero volver a verte y pronto, pero con otra mirada, con la mirada de aquella tarde en la isla de Menorca, con la mirada de la seguridad y de la honestidad, y por favor, no busques más pasión en mi rostro porque otro se la llevó, en mi rostro sólo podrás encontrar mi dulzura y mi sonrisa que como dijiste una vez acompañan la poesia de esta niña.
Cuando Thomas, el sueco enamorado de los toros, me pregunto cómo la había conocido, sólo fuí capaz de balbucear torpemente “Un día…la conocí de repente”. Thomas me miró desde sus casi dos metros, se sonrío y comentó “un día la conocí de repente…gran título para un libro”, le devolví la mirada y me puse a pensar, mi mente se separó de mi cuerpo que seguía bebiendo vino y cantando canciones típicas con esa pequeña ONU(representación de Irlanda, Ucrania, Pais de Gales, Suecia, USA, Cuba y yo mismo) que Dee había convocado una noche de domingo en la Latina.
Cómo empezaría un libro cuyo objetivo es conocer a una mujer de repente, ….¿en que página hacerla aparecer? Si aparece desde el principio, quizás debería cambiar el título a “Te conozco desde siempre”…y si aparece a la mitad, ¿el protagonista debería mantenerse célibe esperando a esa aparición, o debería ir de mujer en mujer, de decepción en decepción hasta encontrarla?
¿Y desde el principio se gustarán?¿quién llevará la iniciativa? y sí se quieren ¿y la historia será fugaz, o será un amor inmortal?. Sí no se quieren, serán amigos…entonces el conocerla marcará al protagonista…Por que sí no ¿por qué dedicarle un libro?.
Cuando volvi a unir cuerpo y mente, la fiesta había casi terminado y yo estaba en un taxi camino de casa, en la radio, los primeros acordes de “Waiting for a girl like you” aparecieron… y se comenzaron a mezclar con mis pensamientos …”esperando a una chica como tú, que aparezca en mi vida….” …”Now I know it’s right, from the moment I wake up till deep in the night”…todo el tiempo a tu lado…”There’s nowhere on earth that I’d rather be than holding you tenderly”, dejame que te abrace, que duerma en tu regazo, dejame que sueñe contigo…contigo ahora que sólo tengo que esperar que un día aparezcas de repente…miré otra vez el reloj, por quinta vez en los últimos diez minutos, las agujas del reloj me devolvian mi miradas con movimientos esquivos, avanzando en la oscuridad, engañandome…¿saben ellas cuantas vueltas tienen que dar en su cárcel circular, hasta que aparezcas en mi vida? ¿y cuantas noches sin dormir me quedan a mi?.
Te podría hablar un poco más de mi, pero se me hace dificil contarte cosas sin conocerte, de momento sólo eres un pensamiento en mi cabeza, una mujer virtual, que está compuesta de las virtudes y los defectos de todas las mujeres que han pasado, algunas se quedaron un tiempo, por mi vida.
El taxi llegó a mi casa…mira esto si te lo voy a contar, me jode llamarla “mi” casa, tengo un gran sentimiento de ajeneidad a esta casa dónde ahora vivo, la escogió la última mujer que estuvo a mi lado, y ahora todos los rincones me recuerdan a ella…eh!! no vayas a pensar que mi cabeza está anclada en el pasado, pero es que ha dejado pequeños recuerdos, como minas de acción retardada, en todas las partes de la casa.
Mientras me lavo los dientes, me observo en el espejo, y mejor que hoy no nos hemos conocido, mi cara está desmejorada y cansada. Me pongo un pijama y mientras intento dormir, enciendo una pequeña radio portatil, por casualidad, está en la misma emisora que tenía el taxi…los acordes de una vieja canción me hacen poco a poco dormir…mañana volvera a contarte que tal me va, mientras espero que un día conocerte…de repente..buenas noches, princesa (¿te puedo llamar asi?)
Desde la mañana a la noche, espera a una reina, a una bailarina. Se dedica en cuerpo y alma a esa misión. Cuando se levanta, se lava los dientes mirándose en el espejo, cincuenta, bajo, calvo, gordo y con tendencia a la depresión, sería la descripción que devolvería el espejo.
Explicale, explicame porqué, te ríes cuando con sus torpes ademanes, te invita a tomar una copa, ¿acaso princesa te crees mejor que él, plantada en tus peep toe shoes? Sabes lo que supone para él cruzar los cinco metros que separan un fondo de barra, la distancia que existe entre imaginar el fracaso y sufrir esa misma decepción. Tú que eres todavia una amateur del amor, que lo único que te diferencia de las mujeres que recorren las calles a oscuras, es que todavía te da alergia coger los billetes con la mano.
Era una copa, cinco minutos de conversación, darle la oportunidad de pensar que todavía sigue vivo, que no es un ente transparente. Es cierto, tú escojes a quién dedicas mohines y sonrisas, y entre él y yo, me has escogido a mi.
Y no creas que le tengo compasión, es más, me importa poco, pero no me hagas sentir especial. Chica, qué nunca serás tan guapa como ayer, que tu vida se consume rápido, noche a noche, que no estás tan lejos de él.
Y yo como ese pequeño hombre, también busco a la realeza, no quiero una reina, me conformo con una aspirante a princesa, o incluso una pequeña republicana protestona. Me aburres antes del primer sorbo, no me interesa tu espalda desnuda, ni esas tetas que parecen sacadas de un catálogo de ropa interior, y lo que más me jode es que busques mi complicidad cuando te has empezado a reir de él.
Te imaginas, ese patético me quería invitar a una copa te has atrevido a decirme a manera de presentación. Peep toe woman, que esta discoteca está llena de niñas como tú. Dientes de perlita, minifalda, rubia teñida, tetas falsas y medias de pocos deniers, y esos espantosos zapatos. ¿veinticinco?, no me gustaría imaginarte con diez años más.
Me alejo de tu lado, y me acerco al hombre chocando mi copa, con su recién estrenada bebida. Bebo un sorbo y dejo la copa y salgo a que me dé el aire de la noche, harto como estoy de gilipolleces, silencio que salen las brujitas, bolsos de imitación, parando taxis a gritos y risas.
Hay noches que la ciudad pertenece a estas pequeñas hechiceras, y no queda más remedio que buscar las arrugas en los pliegues de una sabana de hostal al lado de una morocha, al menos es más autentico, transacción pura, recita en voz baja el calvo cincuentón al pasar a mi lado.
Toca otra vez Sam, y no me niegues esta noche la siguiente, y otras dos más… te prometo que ire yo mismo hacia el control de alcolemia, para explicarles a los agentes, porque esta noche necesito una botella más.
Esto, joder, no lo va a curar el tiempo. Tengo que aprender de una vez a vivir con esta presión en el estómago. Bebo con ansía. Puta ciudad, puto frío, alfileres que punzan mi cuerpo, no, dame otra más.
Explicame, porque con cuatro copas de más, tus absurdos zapatitos me parecen bien, tu estupida charla, música de oídos, y esa espalda, me parece una pista de descenso libre donde creo que me perderé ¿Te lo explico yo?
La distancia que separa un “adiós”, de un “hasta pronto” es la misma distancia de apenas centimetros, los mismo que separan un beso en la mejilla de un beso en los labios.
La mañana había amanecido lluviosa y ambos parados en un semáforo. Ella no se marchó por la única razón que llovía. Abrir la puerta era la elección más fácil, dejarle también, pero llovía. El la miró con la pena infinita de quien sabe que no la volverá a ver. Ella miraba como el disco rojo dejaba su lugar al un disco verde. El coche avanzó hacia ninguna parte, mientras siga lloviendo todavía ella se quedará en el coche. Es una ventaja que en este país pueda llover durante meses enteros, pensó él, divertido por este tonto pensamiento mientras su mundo se derrumbaba dentro de un pequeño utilitario.
La miras a menos de diez centimetros, recorres mentalmente cada rasgo de su cara varias veces, serías capaz de dibujarla a ojos cerrados. Sonries al escuchar su historia mientras coges su mano entre las tuyas. Las copas de vino están vacias desde hace más de media hora y ninguno de los dos se ha dado cuenta.
¿Será amor? Te preguntas al tercer parpadeo de tus ojos. Esperas que asi sea, mientras tanto fuera las luces de navidad se han apagado una hora antes, la crisis. Tiembla tu voz para decirle que la quieres, pero las palabras mueren en tus labios extinguidas por miedos milenarios.
Otra noche será, seguro que habrá más ocasiones, pequeño cobarde. Llenas las copas de vino y brindas con ella por una noche divertida.
El hechizo apenas duró una decada, durante todo ese tiempo el principe permaneció al lado de su amada, aunque ella se mantenía sumida en un profundo sueño.
El reino y sus habitantes comenzaron a olvidar al principe a finales del segundo otoño, mientras él y su amante dormida por el hechizo de la malvada bruja, seguían una vida estancada en la torre del castillo.
En la primavera del cuarto año del hechizo, Gastón el herrero propuso acabar con el desgobierno que según él asolaba al reino, él y otros miembros del gremio de artesanos propusieron al resto del pueblo crear un gobierno estable por elección popular. El principe se asomó por la ventana el día que la gente salió a la calle promulgando la desaparición de la monarquia, pero ni un atisbo de pena cruzó por sus ojos vacios ya de cualquier emoción.
En las navidades del sexto año, el gobernador de la ciudad le pidió al principe que abandonara la torre , lugar que se había convertido en el último reducto de la extinta monarquia. El principe y un puñado de leales acomodaron a la bella dormida en un carro y se internaron en el bosque.
Estos seis años no habían menguado la sinpar belleza de la doncella, pero el principe, ataño un hermoso joven se había convertido en un envejecido y cansado hombre desprovisto ya de la galanura de su apagada realeza. Al tiempo los leales abandonaron a la pareja en la modesta casa del interior del bosque.
Los días pasaban lentos, el campesino antes conocido como “el principe” dedicaba todas las noches a cepillar el hermoso cabello de su amada y relatarle historias de amor, que esperaba que aún en su infinito sopor ella fuera capaz de oír. Las mañanas sin embargo las pasaba solo en lo alto de una montaña, recordando los días en que ambos eran felices. Ni siquiera recordaba ya la razón porque un maldito día la bruja hechizo a la princesa.
Del séptimo al noveno año, no ocurrió nada reseñable en la vida del campesino, salvo que agotó los pocos ahorros que todavía le quedaban en un vestido para el día que ella se despertara.
En la primavera del décimo año, la dormida princesa despertó, como era mitad de mañana y el campesino estaba como todas las otras mañanas en lo alto de la montaña, ella débil de piernas por la prolongada estancia en la cama, se arrastro hasta la percha donde colgaba el hermoso vestido, sin entender donde estaba y recordando el antiguo hechizo, supuso que su estancia en esa humilde cabaña seguía siendo parte del hechizo.
Se puso el vestido y se sento en la cama, mientras apuraba un plato de comida, habrienta como estaba por los diez años sin comer. Al llegar el antiguo principe, la sorprendió peinando su pelo, frente al espejo. Se acercó por la espalda y durante unos segundos pudo comprobar en el espejo los estragos del tiempo en su rostro, mientras ella seguía manteniendo la belleza y lozanía de años atras. Tanto tiempo velando a su amor, había descuidado su propia apariencia.
Ella le vió venir y reconoció al principe al instante, aunque más viejo, era imposible para ella no conocer al amor de su vida. Se levantó y le abrazó, besandolo durante una pequeña eternidad, mucho más pequeña que la que les había separado, pero infinitamente más feliz. Ahora eran simplemente dos enamorados, en un pequeño rincón del mundo, donde nadie podría nunca más hacerles daño.
Me siento al otro lado del sofá, apenas a dos centimetros de tu piel desnuda, pero a una vida de recuerdos. Si existiera alguna manera de romper esos dos centimetros, te estaría besando ahora mismo. Mirando la televisión, ambos enterramos nuestras últimas esperanzas. Tres anuncios prenavideños, una pegadiza melodía y las lágrimas afloran en nuestros ojos.
Durante unos segundos parecía posible, romper con la rutina, volver al pasado… mis ojos recorren tu cara ausente, me fijo en tu pelo, cómo te intenta esconder, como escapa tu cara de mi escrutinio.
Me levanto y vuelvo con dos copas de vino, sin hablar, sin contestar a tu curiosidad, simplemente bebo a sorbos, sin respirar, de repente me acompañas y una gota resbala por tu pierna.
Un designio del destino, el estallido que ambos necesitabamos, esa gota resbala hasta tu tobillo desnudo y te empiezo a besar, mientras en la televisión se oyen unos aplausos enlatados.