Imagina, sueña
Tu madre se presenta con dos vasos rellenos de té frappé, en la televisión una vieja película y en la calle un termómetro que avisa que el verano ha llegado con fuerza, con toda la intensidad que antes tu mostrabas en esos besos robados a la inocencia.
Miro las fotos de nuestra adolescencia y te veo hermosa, virginal, y tan lejana. Ayer tu hijo pasó por casa para recordarme lo mayores que somos, y como tú te marchaste el siguiente verano a Malmö para volver casada diez años más tarde. Tu madre sigue sentada cada tarde de verano en el porche del jardín con su té y su libro, pero tú y yo nunca volveremos a tener dieciséis años y el verano no nos golpeará con esa violencia.
El calor me empaña las gafas o a lo mejor es la nostalgia, lentamente escribo, melancólicamente te recuerdo, y añoro el sabor de tus labios y el calor de tu piel.