Wednesday, August 27, 2008

Dificil de escribir, más dificil de decir…

Las noticias que se dan a media voz, nunca suelen funcionar, recuerda entre sollozos el hombre enamorado.

Cuantas veces has oído el sonido de una trompeta que en un momento sincroniza al mismo ritmo que tu corazón, sí estas mismas noticias se pudieran decir sin abrir los labios, suspira él. Un momento y ya está hecho. Sensación de tí.

Debería empezar por el final, porque esta es una despedida, un adiós de hace tiempo, un amor que muere antes de nacer. El hombre se levanta y coge a la mujer por la mano y la dirige a la pista de baile, mientras la orquesta hace llorar a los corazones de los enamorados. Tan cerca como la tiene, tan cerca, que ojalá le pudiera decir como la quiere, pero no será así.

Ambos bailan abrazados, la música les une y les separa, las palabras no brotan de los labios de él, aunque esta seria la ocasión perfecta, porque cuando termine la canción ella y él se separarán. El la mira en silencio y nota el calor de su brazo e incluso su aliento.

Un compás cuatro por cuatro ideal para bailar, piensa mientras sigue los pies de ella por la pista, un, dos, un, dos…la cojera es fácil de disimular cuando bailas el vals. Recuerda la vez que enseñó a Marlene a bailar, una tarde de otoño, con las ventanas abiertas, apartaron todos los muebles del salón, y con los pies descalzos bailaron esta misma canción.

Ahora mira otra vez a la mujer, e intenta recordar como era besar, aunque esta mujer no es Marlene, ni siquiera se le parece, pero con el sonido de la música y al mirarla de improviso ha sentido que ella volvía y por un segundo ha construido una cara similar. La vuelve a mirar, y se sorprende encontrar que ella ahora ha abierto los ojos y también le esta mirando.

La canción está a punto de terminar, y él es incapaz de articular un alegato que le permita seguir al lado. Ahora además se ha dado cuenta que no es necesario decir nada, que ella no es la solución ni el problema. El hombre se da cuenta que sigue enamorado, posiblemente de una utopia, de un imposible, pero en estos momentos posiblemente dé lo mismo.

Cuando la orquesta termina ambos se abrazan sabiendo que es el último contacto, y el hombre anhela mantener entre sus brazos el momento, pero ella se separa con suavidad, eludiendo el roce de las pieles, haciéndolo más fácil y a la vez más y más dificil.

Un camarero se acerca con una bandeja de dry martinis, secos, muy secos, tan seco que el hombre tiene que derramar más lágrimas para poder saciar la sed que siente, sed de estar con ella, el martini entra por la garganta.

La mira irse entre la gente, se fija en su espalda desnuda y la ve hermosa pero lejana.

Posted by Kenzo Tomochu in 12:01:51 | Permalink | No Comments »