Salvado
Recogida temprana, madrugada prohibida. Veintidós meses sin alegría, cenas a luz de velas, para mirar a los ojos. Ahora te cobras los retrasos, pides por boca, la canción que recuerdas. Abres un par de cartas sin abrecartas, miras anuncios con la televisión apagada. Te pones de perfil para que te rasque la nariz. Preliminares desbordados, rumores lejanos.
Dos gritos de placer y una breve pausa para no despertar a los vecinos. Salvado, encontrado, bienvenido a la mañana siguiente, y te despierta contento, sonriente, la cocina huele a huevos con bacon y café recien hecho y a tu lado pelo enmarañado, espalda desnuda y piernas enroscadas.
Despiertate a mi lado, y vente a comprar lechugas y una manzana al mercado, dos vermú con sifón y dos raciones de bravas. Siesta por la tarde, y cine de autor.
No se puede escribir las historias con tanta anticipación, debes dejar que las cosas pasen por si solas, piensas, mientras ella te abraza camino del restaurante.