the missing ingredient
Querida, ¿cuánto tiempo hace? Si cierro los ojos todavía recuerdo las noches de verano, tumbados en el jardín viendo las estrellas, sin nada de lo que preocuparse ¿Han pasado diez, quince años? Ahora a los cincuenta cualquier tiempo me parece lejano, y sin embargo al ponerme escribir, los recuerdos vienen a mi, envolviéndome como si todavía flotaran en el aire.
Ahora, de hecho es como sí te viera, por el camino que llega a la playa, paseando entre los juncos, con tus pantalones de cuadros y el pelo al viento, nuestro Habbort caminando a tu lado, corriendo, con la lengua fuera, harto de enfrentarse a las gaviotas, ladrando, gruñendo, y tú agitando la mano, mientras yo escribo, en el porche, en este porche, que ahora se cae de viejo.
La pintura, la madera, no soporta tan bien tu ausencia como yo, el tiempo no se detiene, ni siquiera en esta pequeña casa al lado del mar, aunque yo me empeñe, mirando ahora mis manos me doy cuenta que tampoco yo soy capaz de resistir al empuje de los años.
Ahora me miras, con tu ausencia, con la mirada perdida, sentada a mi lado, en una tarde de septiembre, con una manta sobre tus piernas, ahora inútiles, inútiles como mis lamentos.
Cuando volvimos a casa, a esta casa después de tu accidente, intenté que el tiempo se detuviera, por si alguna vez mejorabas, por si alguna vez te curabas, pero fue en balde, las hierbas han tapado el camino. Habbort murió hace dos veranos, aunque todavía lo llamo a gritos, cuando oigo chillar a las gaviotas en la playa.
Y tú, tú nunca volviste de esa carretera, volvió tu cuerpo, volvieron nuestros recuerdos, pero tu risa, tu inteligencia, las caricias, los abrazos a medianoche, los susurros, esos quedaron pegados al pavimento, a ese maldito pavimento.
Y solo me queda escribir otra carta que nunca leerás, e intentar parar el tiempo que se me escurre entre las manos como la arena de la playa, mientas te miro envejecer.