Wednesday, November 12, 2008

Cierro los ojos apenas por un instante…

Cierro los ojos apenas un instante, lo suficiente para descansar de este lúgubre presentimiento que me atora los sentidos. Cuando abro los ojos nada aparentemente ha cambiado, pero todo semeja diferente.

Levemente sin querer siquiera hacer ruido, para no despertar a la bestia, rozo el borde de la mesa, el tacto de la madera aspera, provoca en mi un desasosegado escalofrío. La nostalgia se pega en mis entrañas, nostalgía como reza el tango, de sentir tu respiración. El corazón, viscera inconformista e independiente, retumba rápido en mi interior, recordándome a cada latido, que el eco de tu voz, se extinguió en esta casa hace años.

Harto de recordarte, lento por escribirte, ansioso de verte, me encuentras parado en la nada más absoluta, nada…

El teclado de este ordenador desde donde escribo, parece cobrar vida propia, uniendo el mismo, letra con letra para formar palabras, palabras que se escapan de una angustia, mirando la pantalla, bebo lentamente y soy incapaz de exhorcizar el pensamiento que me tiene preso. Musito palabras, como un mantra, espero, crujo los dedos, rechino los diente, pero nada pasa en mi interior.

Un cartel que reza, “Cerrado por inventario” cuelga en mis costillas, con una cuerda que se enreda a unos pulmones que a duras penas son capaces de absorber el mínimo aíre necesario. El corazón se descompasa, se confunde y es incapaz de interpretar un adaggio triste sin derramar lágrimas.

¿Preguntas si te quiero? Desde las primeras luces del día, hasta que que se vuelve a acostar la luna solo pienso en ti. Mis dedos huerfanos de tus manos se entrelazan intentando recordar como era estar unido a ti.  Ahora que la pena confunde y estira cualquier recuerdo, tú mirada, limpia y azul se pierde en los lejanos e ignotos recovecos de una mente tan dura y lejana como la mia.

Oscura sensación de pérdida, nostalgias de lejanos palacios de cristal,  ahora abandonados y enterrados por una hiedra verde, que lagrimea hojas al suelo.

Crees que me entiendes, crees por un segundo que puedes saber lo que está pasando en mi interior, las penas nacen y mueren a cada instante, como pústulas infectadas en el cuerpo de un leproso. La risa se encuentra desaparecida, retenida detrás de unos dientes cansados, apretados para no dejar escapar, ni una leve sonrisa, ni un suspiero de amor.

Me despido, tierna niña, deseando que te encuentras bien, acariciando una pared a mitad de pintar, cerrando los ojos, intentando ahuyentar el miedo y los tristes presentimientos del alma. Aullando por un amor perdido, sintiendo una autodestructiva compasión que paraliza y estanca los sentimientos.

Posted by Kenzo Tomochu in 11:10:25
Comments

One Response

  1. Anonymous says:

    Hola.
    Me gusta que estes de nuevo con nosotros.
    Un beso . HG

Leave a Reply