Wednesday, February 27, 2008

Metafísica


Dicen los eruditos que el campo de la metafísica es todo aquel que no se puede demostrar empíricamente, por eso te digo que nuestro amor es metafísico. Sé que me quieres pero no me lo demuestras, sé te que amo pero me da miedo demostrarlo.
 
Y así pasamos las horas, los días y los meses, disfrutando de esa metafísica que tanto nos rodea.
Posted by Kenzo Tomochu at 18:56:35 | Permanent Link | Comments (0) |

Sunday, February 17, 2008

La roca


La playa estaba solitaria, el perro corría unos metros delante mio. Me gusta que ver amanecer en la punta del faro, cuando es todavia demasiado pronto para que los turistas alemanes lleguen con sus caravanas y la playa se convierta en un tumulto de gritos, voces y suciedad.

Cuando llego a la punta del faro, me siento en una roca y miro el horizonte, durante los últimos cinco años he cumplido el mismo ritual, cada día del mes de agosto. Solos mi perro y yo, a estas hora, donde el sol todavia no ha hecho su aparición, el mundo se resume en pequeños detalles.

Pero esta mañana es diferente, no es igual al resto de mañanas. Esta mañana alguien está sentado en mi roca, en mi roca y sin preguntarme. Otto me mira extrañado, la aparición del extraño ha paralizado sus extremidades. Lo normal, sería que yo sentado en la roca le lance un palo al mar, y él se bañe con los primeros rayos del sol. Ahora para los dos ha terminado, ya nunca volveremos a la roca donde ahora reina un solitario extraño con un sombrero de paja. Ha roto sin saberlo un íntimo momento, ambos emprendemos en silencio y con tristeza el camino de vuelta a casa.

Las algas secas se enganchan en las patas de Otto, pero el ni siquiera intenta zafarse de ellas, las gaviotas se pelean por los restos de una barbacoa nocturna, y yo meto las manos y mi desesperación en mis bolsillos.

A lo lejos, un barco pesquero abandona el puerto, no quiero volver a casa. Me quito la camiseta y las zapatillas, y me interno en el mar, el olor a salitre y las algas me envuelven, el agua esta como siempre fría. Otto se ha quedado en la orilla. Cuando el agua me cubre la cintura comienzo a nadar, primero con un ritmo frenético, luego el cansancio y la respiración desordenada, me obligan a ralentizar la marcha. Paro y miro a la playa, Otto sigue parado al lado de mis zapatillas. Miro a mi antigua roca, el hombre del sombrero no se ha movido, el agua fría se clava como agujas.
 
Vuelvo a la orilla lentamente, cuando llegue a casa, cojeré mis cosas, todas mis cosas y me marcharé.

Si Otto se quiere venir será bienvenido. Se que mi mujer lo entenderá, lo unico que me unía a ella era saber que cada mañana podía sentarme en la roca donde la besé por primera vez y recordar nuestros antiguos momentos felices mientras salía el sol.

Posted by Kenzo Tomochu at 10:18:13 | Permanent Link | Comments (0) |

Wednesday, February 06, 2008

Un hombre normal


El diferenciaba entre dos tipos de hombre, el tipo de hombre al que le gustaba las películas de Charles Bronson y el tipo de hombre que sabia cocinar y era capaz de llorar. En su mundo no había términos medios, y se vanagloriaba de ello Se levantó de la cama y miró de soslayo las interminables piernas de la mujer que todavía dormía en su cama. Nunca habia sentido la necesidad de compararse con otros, y nunca había amado a una mujer más de una noche. 

Se habían conocido la noche anterior, apenas habían cruzado un par de frases y él la había convencido para cambiar de bar, sabía que si la llevaba al Zipango, ella sería suya, como habían sido suyas un buen número de mujeres. El Zipango era un bar que tenía su propia atmósfera- las paredes oscuras, grandes cortinas de un verde indefinido y un barman que preparaba los mejores dry martini de la ciudad.

Miró el reloj, todavía era temprano para despertarse y más en fin de semana. Fuera en la calle el viento ululaba y la lluvia golpeaba violentamente la ventana, y la oscuridad todavía reinaba en esa madrugada de sábado a domingo.

Encendió un cigarrillo, y vío su cara reflejada en la ventana, no le gustó lo que vió, un hombre en sus 40 e intentando rejuvenecer cada noche, con cada mujer, con cada dry martini que compartía. Pero en esta noche de febrero, la cabeza le estallaba y el corazón le recordaba que hubo una temporada en la que el hombre tuvo sueños y esperanzas.

Apagó el cigarro y se volvió a la cama, la mujer semidormida se abrazó a él, y él pensó que por lo menos hasta el amanecer podía sentirse como una persona normal.

Posted by Kenzo Tomochu at 23:25:50 | Permanent Link | Comments (0) |

Monday, February 04, 2008

Varado


No se puede lanzar media montaña al mar y esperar que no provoquen olas.
Posted by Kenzo Tomochu at 14:34:16 | Permanent Link | Comments (0) |

Friday, February 01, 2008

a dozen danish cookies in a blue metal box...


Las conté tres veces para asegurarme, doce galletas de mantequilla, las volví a dejar en la caja de metal azul y la cerré con cuidado, y las volví a dejar en la alacena. En los últimos tres días este sencillo ejercicio había apartado mi mente de la locura.

Miré por la ventana y descubrí que las luces de la ciudad desde la ventana del salón parecían pequeños barcos en un mar oscuro, traté de imaginar la última vez que vi el mar, un mar tan oscuro, negro de tormenta.

Bajé la persiana, y dejé que las sombras de la noche me atraparan, tumbado como estaba en mi cama, encendí la radio y moví el dial hasta encontrar una emisora que emitiera música que me ayudara a dormir.

Conseguí dormir, o al menos al llegar el amanecer, éste me sorprendió dormido. Abrí la ventana y el frío de la mañana penetró en la habitación y mi piel se tornó en gallina, y mis pies descalzos notarón como un súbito escalofrío y un punzante sentimiento de hambre se instaló en mi estómago.

Corrí hacía la alacena, cogí la caja, al abrirla descubrí que era lo último que me unía a mi anterior relación, doce puñeteras galletas de una caja que no hacía tanto había estado llena y unos días antes había entrado por la puerta debajo del brazo de ella.

Ahora ella ya no estaba y yo me había aferrado a esas galletas como un estupido fetiche, aunque estaban rancias, las comí con ansía con anhelo, cuando terminé la última galleta, tiré la caja azul y de repente olvidé todo, las galletas, a ella y el tiempo que había perdido.
Posted by Kenzo Tomochu at 22:47:33 | Permanent Link | Comments (0) |