La muerte de la poesía...
No hay nada de poesía en nuestra relación, y de repente te hartas de la historia. Y me vuelves a invitar a que me marche, con un adiós, seco y abrupto. Estaba bien claro que tenía que corresponder de una forma elegante al desaire, y sin decir nada con una sensatez rayana en lo ilógico.
Cuando llego a la calle un calor africano me golpea la nariz, la cara y paso por delante un bar y paso dentro sólo por evitar el calor, me pido un trago largo de cerveza y del ansía de beber mi bigote queda blanco por la espuma de cerveza. El camarero me pregunta sí todo está bien, y aún cuando creo que se refiere a un pequeño plato con una raspa de boquerón rebozada, le comienzo a hablar de ti.
Viviamos, y me cuesta emplear el pasado en una ruptura tan reciente como el cuarto de hora, razonablemente bien, eramos felices, y saliamos a cenar algún viernes con los amigos. El camarero, me pregunta mientras seca con un trapo sucio, si te sigo queriendo. Bebo un trago largo de cerveza y me quedo mudo, sin recursos, ¿Es posible que no sea capaz de contestar a una pregunta tan simple?¿Es razonable pensar que ese es el verdadero motivo de que no haya poesía?. Termino la cerveza y sigo paseando por la calle desierta por el calor, mientras las imagenes de nuestras relación se suceden en mi mente con una velocidad inusitada, ¿Cuando te deje de querer?¿Y tú? de repente me siento seco, vacio, como el vaso limpiado por el camarero, sin liquido pero con restos de una suciedad inmemorial, no recuerdo cuando fueron estas manchas sobre mi, pero ahora son imposibles de limpiar.

