Thursday, February 26, 2009

Diez centimetros de vida

Si apenas un par de recuerdos ,me quedan en el baúl dónde los mantengo, no puedo darme cuenta de como aquellos recuerdos que ahora añoro, fueron desapareciendo.

Ahora palpo la cicatriz de mi antebrazo, diez centimetros, diez centimetros de vida, de recuerdos de peleas de piratas en el descampado del barrio, de mi primera caída con el ciclomotor de Arturo, del raspón cruzando la alambrada al otro lado de la valla. No recuerdo cual de esas hazañas dejó en mi esta marca permanente, pero seguro que no fuiste tú.

Cuando acaricio esa cicatriz me recuerda mi vida, trae esos recuerdos olvidados y desaparecidos. Diez centimetros de vida, en tiempos dónde siquiera el recuerdo era necesario, sólo la urgencia por vivir cada instante rápido y con la máxima energia.

Hablas de melancolía, de añoranzas, mientras terminas una copa de chablis, que te has servido de una botella que no recordaba tener, pero curiosamente siempre eres capaz de encontrar todo en mi casa, aunque ya no vivas aquí, aunque cambie cada poco tiempo todo mi universo mobiliario, tú siempre encuentras los retales de tu vida en esta casa.

Agarras mi mano, y con la copa en la otra mano, me llevas a la habitación, por el pasillo y sin encender la luz, te desnudas en silencio,  y mientras  esperas que yo haga lo propio, apuras la copa de vino. Acariciamos otras cicatrices, recuerdos de infinitas batallas, nos amamos en silencio, sin prisa, pausados, en cierta forma mecánicos, como debiendonos esta última oportunidad, como nostálgicos ancianos de amores pasados.

Cuando me despierte mañana, mi cicatriz seguirá atravesando mi antebrazo, serán diez centimetros que me acercan a ti, de cuando en cuando, cuando me despierte quedarán de tí apenas, tu rastro de olor a melocotón y la copa de vino a medio terminar.

Posted by Kenzo Tomochu at 13:02:16 | Permalink | Comments (1) »

Saturday, February 21, 2009

Hold me in your arms…

Baja corriendo los escalones, haciendo crujir la madera, con la carta en la mano, cortando el tiempo, agitando la respiración, escalones de dos en dos, tres en tres…

Lee atropelladamente la carta de aceptación, comiéndose palabras, frases y hasta intenciones, su madre le mira orgullosa, su padre asiente con aprobación, su hermana piensa que al final la habitación para ella sola. Maika esta henchida de felicidad, la aceptación para estudiar en la mejor universidad del Reino Unido, becada y sin tener que desembolsar ni una libra… hold me in your arms piensa ella, pensar que sólo aplicó para estudiar allí para volver a ver a Steve…hold me in your arms, las palabras se repiten, ni siquiera escucha a una vecina que se ha unido al alboroto, hace mucho frío en la campiña inglesa, pregunta ésta curiosa….

Sólo quiere coger ya un avión, un tren y un barco, un coche, ir andando..Steve, hold in your arms…maleta en mano….

¿Se puede ser más feliz? acaricia otra vez la carta, la dobla, la esconde en una caja de la alacena, y baja como siempre los escalones, en silencio, mira a su madre que cocina, a su padre que lee el mismo periódico de ayer, y su hermana que vuelve del colegio…sabe que su vida no puede cambiar, aunque le hayan aceptado, nadie lo debe saber, sabe que Steve es sólo un amor de verano, y su vida pertenece a este pequeño pueblo, aunque se equivoque, aunque estar acurrucada en los brazos de Steve es lo mejor que pueda soñar…

Posted by Kenzo Tomochu at 09:58:35 | Permalink | Comments (1) »

Sunday, February 15, 2009

Viendolos besarse…

Hoy les he visto besarse, por tercera vez en el día de hoy. Y después un fundido en negro mientras él cabalga hacia el horizonte.

He contado las veces que he pensado que ella se marcharía, y las veces que él suspira antes de besarla, mientras la gente en el patio de butacas seca sus lágrimas, deseando ser ellos los que se besan con pasión. Cuatrocientas veinte veces, se han besado delante mio, cuatrocientas veinte veces he cerrado los ojos deseando ser yo esa mujer.

En la última sesión, vi como un chico de la primera fila me miraba fijo, mientras todo el mundo secaba sus lágrimas, él sólo me miraba…

Al terminar, antes que las luces se encendieran, se ha acercado a mi, y yo con mi uniforme de acomodador, le he sonreído, y sin darme oportunidad me ha besado, y se ha marchado…

El beso cuatrocientos veinte y uno, me ha tenido a mi como protagonista…

Posted by Kenzo Tomochu at 22:00:43 | Permalink | Comments (1) »

Saturday, February 14, 2009

Recordandote…

Dos tardes a tu lado hacia que todo mereciera la pena, sentarme a ver pasar las nubes por encima de la montaña, caminar paseando hasta el río, por el campo de margaritas, por la vereda, entre los árboles. Dos tardes contigo, podía haberte pedido más pero tampoco me atreví.

Me moría por tocar tu piel pecosa, por poner cara de asombro, por dejarme llevar a tu lado, por oler tu pelo, por sentir la punta de tus dedos acariciando mi espalda. Extendiste la manta de cuadros, cuadros rojos, rojos y negros, sobre la primavera hecha hierba, y nos tumbamos, frío y humedad debajo de la manta, pero sentido y poesía encima y sobre todo encontrando las palabras para captar tu atención.

Recuerdo que te besé, suave, como cuando se besa con miedo, temeroso de tu reacción, pero devolviste beso por beso, caricía por caricia, era el final de la segunda tarde, y el sol anunciaba tu marcha, recogimos con fastidio la manta, me susurraste unas palabras al oído y luego bajamos en silencio hasta el pueblo, tus padres ya estaban metiendo las maletas en el coche, y los gestos de fastidio de tu padre indicaban prisa por evitar la caravana del domingo.

Desde el coche, mirando triste por la ventana, dibujaste un beso imaginario, y de mis labios salió un te quiero, que murió antes de abandonar mi boca, todo lo fuerte que lo puede gritar un chico de quince años, todo lo triste que puede sonar en un despedida. Todo el mundo estalló en carcajadas, menos tú, que cerraste los ojos asintiendo. Te esperé el siguiente fin de semana…

…pero no volviste, ni el siguiente, pasaron dos meses, tres, el verano terminó, y algunos años más tarde, y me marché al ejercito, y peleé en guerra, y cuando estaba en peligro recordaba las dos tardes a tu lado…volví de la guerra, conocí a una muchacha morena, que me recordaba a tí, me casé, nos fuimos a la ciudad, y mi pelo se volvió gris, como las mañanas frías de la ciudad, y la muchacha se convirtió en mujer y dejó de quererme, si es que me quiso alguna vez,luego se marchó, yo me quedé, me quedé solo en una casa fea y vieja, luego me jubilé… y ahora cincuenta y tres años más tarde, miro hacía el sol, y me pregunto si crees que mereció la pena, toda mi vida recordando dos tardes de primavera…

Todavía me pregunto, si exististe de verdad, y prefiero pensar que sí, que estropeé mi vida recordando y esperando a alguíen real, alguién que una tarde me besó, y me susurró al oído esperame siempre…hoy entre mis achaques y mis tristeza, puedo decirte que cumplí mi promesa en parte…

Posted by Kenzo Tomochu at 21:45:05 | Permalink | Comments (2)

Saturday, February 7, 2009

Crepê Suzette

La mesa llena de harina, dos huevos y un poco de nata, azucar glass, y una tarde de domingo para cocinar, fuera el frío condena a los viandantes a caminar encogidos.  Te has puesto delantal, sin atar, te has quitado veinte años de encima, intentas entre tus propias risas, ligar una masa de inexplicable textura.

No te importa, es más te da igual que el resultado sea un pastel incomestible, lo único que te importa es que durante una tarde de domingo, no te sientes como un león enjaulado, girando sobre tus mismos pasos.

Te recoges poco a poco y te quedas quieto por unos segundos, esperando que el teléfono suene, mientras un locutor se desgañita en la radio. Es una tarde de domingo, y tú piensas, quizás iluso de ti, que un poco de harina y dos huevos convertidos en un crepê suzette, te van a traer los recuerdos de un verano en la Bretaña francesa, el acento imposible de Nicole, sus largas piernas y las noches abrazado a ella.

Veinte años encima, el olor de naranja amarga, flambeas unos restos de licor, ya sin ganas, y masticas el sabor, recordando cuando eras joven y no hacía falta una tarde de domingo para recordar a Nicole.

Posted by Kenzo Tomochu at 12:10:43 | Permalink | Comments (4)

Monday, February 2, 2009

El reloj

El reloj del ayuntamiento se detuvo a las 3.22 minutos, y permaneció así por un par de días, hasta que alguien reparó que las viejas agujas no se habían movido. Y pasaron dos años más hasta que la pieza estropeada pudo ser por fin sustituida, y dos meses más, hasta encontrar fecha para la ceremonia que el alcalde había previsto como homenaje a una pieza de nuestra historia, total que el reloj estuvo sin funcionar exactamente dos años, dos meses y dos días.

Sé que puede parecer muy pobre como excusa, pero puedo prometerte que no me dí cuenta que llegaba tarde, me pasé mirando ese reloj desde la ventana de mi habitación y no me dí cuenta que el tiempo transcurría a mi alrededor, que las estaciones pasaban, de otoño hasta primavera, que la gente paseaba y los niños gritaban mientras jugaban al balón…y todo por pensar en ti. Espero que entiendas y seas capaz de perdonar, sinceramente tuyo…

Posted by Kenzo Tomochu at 18:08:06 | Permalink | Comments (11)