Crepê Suzette
No te importa, es más te da igual que el resultado sea un pastel incomestible, lo único que te importa es que durante una tarde de domingo, no te sientes como un león enjaulado, girando sobre tus mismos pasos.
Te recoges poco a poco y te quedas quieto por unos segundos, esperando que el teléfono suene, mientras un locutor se desgañita en la radio. Es una tarde de domingo, y tú piensas, quizás iluso de ti, que un poco de harina y dos huevos convertidos en un crepê suzette, te van a traer los recuerdos de un verano en la Bretaña francesa, el acento imposible de Nicole, sus largas piernas y las noches abrazado a ella.
Veinte años encima, el olor de naranja amarga, flambeas unos restos de licor, ya sin ganas, y masticas el sabor, recordando cuando eras joven y no hacía falta una tarde de domingo para recordar a Nicole.