Recordandote…
Dos tardes a tu lado hacia que todo mereciera la pena, sentarme a ver pasar las nubes por encima de la montaña, caminar paseando hasta el río, por el campo de margaritas, por la vereda, entre los árboles. Dos tardes contigo, podía haberte pedido más pero tampoco me atreví.
Me moría por tocar tu piel pecosa, por poner cara de asombro, por dejarme llevar a tu lado, por oler tu pelo, por sentir la punta de tus dedos acariciando mi espalda. Extendiste la manta de cuadros, cuadros rojos, rojos y negros, sobre la primavera hecha hierba, y nos tumbamos, frío y humedad debajo de la manta, pero sentido y poesía encima y sobre todo encontrando las palabras para captar tu atención.
Recuerdo que te besé, suave, como cuando se besa con miedo, temeroso de tu reacción, pero devolviste beso por beso, caricía por caricia, era el final de la segunda tarde, y el sol anunciaba tu marcha, recogimos con fastidio la manta, me susurraste unas palabras al oído y luego bajamos en silencio hasta el pueblo, tus padres ya estaban metiendo las maletas en el coche, y los gestos de fastidio de tu padre indicaban prisa por evitar la caravana del domingo.
Desde el coche, mirando triste por la ventana, dibujaste un beso imaginario, y de mis labios salió un te quiero, que murió antes de abandonar mi boca, todo lo fuerte que lo puede gritar un chico de quince años, todo lo triste que puede sonar en un despedida. Todo el mundo estalló en carcajadas, menos tú, que cerraste los ojos asintiendo. Te esperé el siguiente fin de semana…
…pero no volviste, ni el siguiente, pasaron dos meses, tres, el verano terminó, y algunos años más tarde, y me marché al ejercito, y peleé en guerra, y cuando estaba en peligro recordaba las dos tardes a tu lado…volví de la guerra, conocí a una muchacha morena, que me recordaba a tí, me casé, nos fuimos a la ciudad, y mi pelo se volvió gris, como las mañanas frías de la ciudad, y la muchacha se convirtió en mujer y dejó de quererme, si es que me quiso alguna vez,luego se marchó, yo me quedé, me quedé solo en una casa fea y vieja, luego me jubilé… y ahora cincuenta y tres años más tarde, miro hacía el sol, y me pregunto si crees que mereció la pena, toda mi vida recordando dos tardes de primavera…
Todavía me pregunto, si exististe de verdad, y prefiero pensar que sí, que estropeé mi vida recordando y esperando a alguíen real, alguién que una tarde me besó, y me susurró al oído esperame siempre…hoy entre mis achaques y mis tristeza, puedo decirte que cumplí mi promesa en parte…