Fado
Te acaricio la mano en silencio, y tú paseas por la puerta de A Brasileira, indignada por la pacifica invasión de turistas, lugar de inspiración de la literatura portuguesa mancillado, exclamas a voz en grito, m te sonrió mientras te alivio tu enfado a besos.
El rumor de un fado, me eriza el vello de los brazos y de la nuca, el lamento tenue, apagado, melancólico se cuela por mis poros, casi de forma imperceptible, mientras tú continuas el paseo agarrada a mi mano. Una tristeza infinita me acompaña, tristeza milenaria, de hombres perdidos, de mujeres apesadumbradas, mientras tú ahora me agarras, te abrazas a mi, oyendo como oyes el sonido ahora nítido por primera vez de la melodía triste del fado y una lágrima cae por tu mejilla.
Nos desvanecemos por las calles de Lisboa, unidos uno a otro, deseando, esperando que la noche dure otra eternidad.