Saturday, June 27, 2009

Cuerpos desconocidos

Si la mujer tiene un amante, algo que no piensa preguntarle directamente, es que la relación no funciona entre ambos. Lo que no desea es convertirlo en excusa, ni mucho menos buscar él mismo su propia  amante para demostrarle que es capaz de devolver la moneda. Apura el café rápido sin detenerse porque el humeante líquido traspasé a toda velocidad su garganta quemándola.

Más tarde en la calle sentado en el bordillo, piensa que quizás no es tan malo buscar esa mujer que le permita sentirse algo más en paz en la batalla que parece que ambos están desenlazando. Podría proponerselo a cualquier mujer que pasara ahora mismo por la calle, una simple pregunta y una respuesta fácil, no es necesario convertir esa búsqueda en la búsqueda del Santo Grial.

No sé si Denise llegó a la misma conclusión, pero esa noche respondió afirmativamente a la respuesta del hombre. Caminaron hasta un hotel cercano, los pies de ambos entumecidos por el frío. El hombre pensando que si su mujer tenía un amante, él le devolvería la traición, Denise suplicando sin palabras, no pasar esta noche sola, el peor de sus miedos.

Sola desde esta mañana, cuando su novio, la dejó al terminar un café y un croisant con mantequilla, desde esa hora ha vagando por la ciudad, hasta que el hombre la ha preguntado si esta noche le gustaría pasarla con él.

Cuando llegan a la habitación, ella va directamente al baño, y él se quita la chaqueta. Ella vuelve desnuda, si es a lo que han venido, no es necesario demorarlo con falsas muestras de cariño. El hombre se siente aliviado de no tener que tomar la iniciativa. Los dos se miran como naufragos, en una habitación impersonal, el mar les arrojado por distintos motivos a esa colcha naranja. Las manos de ambos trémulas se enlazan y comienzan a acariciar sin tino el cuerpo contrario. El aliento del hombre sabe a café.

Sexo impersonal, ambos no han tenido relaciones sexaules desde hace más tiempo del que ambos reconocerían. Quizás si lo hubieran pensado a lo mejor era un indicador del deterioro de sus respectivas relaciones.

Ambos tendrán tarde o temprano que reconocer la provisionalidad de la situación, pero por el momento ambos solo desean cerrar los ojos y dormir sintiendo el calor ajeno de un cuerpo desconocido.

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Saturday, June 20, 2009

La casualidad (curiosidad) mató al Summercat

Hubo un tiempo en el que el corazón del hombre estuvo vacío. Una mañana acarició las estrellas de cristal, hechas con arena de la playa de Skagen, compradas un día y  que se había traído desde Dinamarca y que le acompañaban en cada naufragio.


 

Esa misma noche, hace pocos días, encendió el televisor, como se enciende siempre por casualidad, y le sorprendió encontrar una vieja canción, Summercat, de Billie The Vision y su grupo The Dancers, un grupo sueco, y sonrió al descubrir que una de las canciones de su vida, ahora se había convertido en el posible éxito del verano, por el anuncio de una cerveza.

 

Y ahora, justo ahora, se da cuenta porqué el mundo se explica por las pequeñas casualidades, y descubre porqué se despierta, de un tiempo a esta parte, por las mañanas soñando con noches de agosto que dejó a más de 3.000 Km. y cinco años de distancia.

 

La razón está en esa simple canción que ahora no para de oír en todos los sitios.

 

 Dos días antes de la boda de Kate y Lars, una tarde de agosto, después de salir a comprar un par de estrellas de mar de cristal, empezó a llover violentamente y como estaban lejos de casa,  entraron los dos, Marlene y él,  en el Jazz Club de Copenhagen, solo para tomar una cerveza mientras esperaban que terminara de llover.

 

Y esa noche, presentaba un disco, un grupo, con un título tan estúpido como sugerente –I  was so unpopular at school and now they are giving me this beautiful bicycle –  el hombre la miró y haciendo un guiño le propuso quedarse a oírlos, eso significaba que la casualidad de entrar en el Jazz Club, se convertía en un plan en toda regla, con cena, y más cervezas.

 

Terminaron el concierto, con una canción, Summercat, se miraron a los ojos, la historia de nuestra relación, exclamó Marlene, cada vez que te vas en verano  me siento como un summercat, quedándome abandonada.

 

Al día siguiente, en la boda, había muchos suecos y alguien puso un CD, ambos volvieron a oír la canción “I wanna be with you tonight tonight tonight tonight…” a la mañana siguiente todavía, el pegadizo estribillo, retumbaba en los oídos mientras el hombre se encaminaba al aeropuerto.

 

P.D: Por cierto y como dice Lars Lindquists, en realidad es una canción muy triste y desde su web os podéis descargar sus canciones
 http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20090615/53721055836/summercat-es-en-realidad-una-cancion-muy-triste-fc-barcelona-ibrahimovic-formentera-suecia.html , http://www.billiethevision.com/music.php

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Wednesday, June 17, 2009

Soñar contigo

Era un noche clara de agosto, demasiado calor, incluso para el verano.Esta mañana me he despertado recordando esa noche, durante el sueño. La música, el olor del jazmín, la hierba recién cortada, el ruido de las olas a lo lejos. Ahora estoy en un tren, muy lejos de Dragor, a casi cinco años de distancia y a una vida de repetirlo

Kate se casaba esa noche con Lars, nos sentamos tú y yo con un polsen en la mano, descalzos en la hierba, con la colina al fondo y el olor a mar, sudando después de bailar frenéticos, y cansados de una noche larga. Esa noche me pediste que me casara contigo, me pediste que nunca te dejara, el olor del jazmin, la música y la hierba recién cortada, en recuerdo.

Te contesté enseguida, pero tardamos demasiado en ejecutar ese plan perfecto, eramos dos amantes locos por amarse, eramos dos corazones que latían juntos, pero tardamos demasiado en hacer realidad.

Ya casi no hemos vuelto a hablar querida Marlene, pero todavia algunas noches, esa noche cuando la luna luce, y la hierba huele a mojado, los recuerdos vuelven a veces sin avisar, por eso te pido que en esas noches, me dejes, te pido sin hacer ruido que me  dejes soñar, soñar contigo. Cuando me despierte, como esta mañana tendré una sonrisa en mis labios, y un pensamiento hermoso para ti.

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Monday, June 15, 2009

Quien dijo que queria cantar….

(un revival de hace unos años)

Impenitente, inasequible al desaliento, fuerte de mirada recia, sin doblez, altivo y calmado…sonrío y me dejo llevar por esa imagen de duro de película. Acabó de entrar en lo que posiblemente sea la penúltima estupidez en una vida plagada de estupideces. Dicen que de los errores se aprende, yo aprendo a volver a cometerlos casí sin fallos, el error perfecto.

Las escaleras del Caracol Beach no es que inciten al misterio, es más incitan al pánico, paredes descascarilladas, viejas fotos de conciertos en sepia, fotos de gente que antaño poblaba este bar, y una barandilla en la que el barniz huye cada día, mostrando una madera vieja y cansada. Cada peldaño es un acto de fe, al mitad de la escalera la música se adivina un poco más clara. Una rumba y las palmas de acompañamiento de un público que o no es muy numeroso o no es muy entusiasta.

De acuerdo al programa de la puerta, sí se le puede hacer caso a un trozo de papel mojado por la lluvia, hoy actúa, canta o perpetra Silvia Penide, por única noche en el Caracol Beach.

Al correr el pesado cortinón que separa el mundo real, del universo que ahora aparece ante mis ojos, pienso correr, escaleras arriba y no perder más tiempo, pero la verdad es que la atmosfera invita a probar…una rápida visual, y sin contar con los dedos, creo que no hay más de cuarenta personas, no más de diez mujeres, nueve acompañadas, o sea que la que está sola es mi cita. Sí, ese es el motivo, pero deja que te lo cuente un poco más tarde, o te perderás la descripción del local. ¿Dónde estaba? imagina unas paredes con restos de humedad, mal tapada por posters de grupos que nunca pisaron el Caracol, un barra en el lado izquierdo, con una camarera, que ha perdido su juventud, dentro de estas paredes, unas seis mesas, al fondo un pequeño altillo, y encima el que se supone Juantón, que debe tener su apellido por los equilibrios que tiene que hacer para no caerse en esa rídicula tarima que llaman escenario.

Ella ya ha clavado los ojos en mi, sabe que soy yo, nadie más sería capaz de entrar sólo en este local, bueno quizás ella hace un rato, sí es que ha venido sola, imagino que la acompaña algún amigo, por si ella sospecha que soy un psicópata, miro hacía la barra e intento encontrar alguien que me esté sometiendo a examen, a nadie le parezco importar, creo que Juantón está consiguiendo entretener de verdad a su público.

Han pasado no más de 3 ó 4 segundos desde que corrí el cortinón y ella me ha visto, pero ha mi me ha parecido una eternidad, ahora camino lento hacía la mesa que está ocupando ella, Carmen me ha dicho, mejor me ha escrito, que se llamaba.

En el camino, miro otra vez, intentando encontrar alguien conocido, una escapatoria, siempre podría pasar de largo y encaminarme a otra mesa, o a la barra, y abrazarme a algún desconocido.

Ella está sonriendo, es más, me está sonriendo, ahora esa mujer de una edad indefinida, que se hace llamar Carmen, hace gestos, que me siente a su lado, que sabe que soy yo.

Una camiseta gastada, uñas que han pasado por diferentes colores y hoy muestran un rojo que compite con el del pintalabios, pantalones de cuero negro, es como sí para esta cita hubiera recuperado, su atuendo de los años 80, cuando Carmen seguro era la reina de este bar, y de cualquier bar de La Coruña.

Sí ahora, puede rebobinar un poco, casí cinco horas atrás y me veo en el hotel de La Coruña, hoy por fin mi trabajo se ha acabado pronto, y aburrido como estaba, conecto mi portatil a internet. Creo que entré en una página llamada mujeres de la Coruña, y entre los anuncios uno que me llamó la atención “Mujer, busca que la descubran de repente”, evidentemente le mandé un email a la dirección que aparecía. Diez minutos más tarde en mi dirección entra un correo, Carmen que así se llama, me cita en el Caracol Beach, y la tendré que descubrir.

Ahora, no es tiempo para arrepentirse, estoy a menos de un metro de la mesa,  y Carmen hace gestos exagerados de saludo, moviendo un botellín de cerveza. Tan cerca como estoy, descubro los estragos que la edad han hecho en Carmen, y pienso por sus ojos perdidos que no solo es la edad, parece que está acostumbrada a todo tipo de vicios.

Me acerco a su cara y la saludo “¿Carmen?”, una crema facial pringosa besa mis mejillas, creo que ella ni siquiera ha notado mi barba en su cara. “Claro, principe, llamame como quieras”.

La conversación es inexistente, a cada pregunta mía, sus respuesta se vuelven cada vez más incoherentes, a los diez minutos, la musica del cantante me parece hasta buena, mi conversación con Carmen se reduce a monosilabos por mi parte, y frases incompletas por la suya, miro la barra y pienso que al menos sí pido una copa podré escapar de esta situación al menos momentaneamente. La pregunto sí quiere algo, sus ojos ausentes, miran el botellín como pidiendo otro.

Al llegar a la barra, la camarera me mira con cierto desdén mientras le pido un bourbon-cola y un botellín, al traerlos pegado a mi copa un papel blanco, con algo escrito.

“Bien hecho desconocido, otro se hubiera escapado al ver a Lupita, eso te ha hecho sumar algún punto. Para otra ocasión, piensa que la mujer que quiere ser descubierta de repente, no necesariamente está sola, puede estar aburridamente acompañada. Ya nos veremos, Carmen”

Al terminarlo, miro alrededor mío, buscando complicidad, buscando a esa que quiere ser descubierta, pero la camarera, señala la escalera, y musita “se han ido, hace un minuto” y añade “Cuida bien de Lupita, hace más de cinco años que nadie se sienta a charlar a su lado”.

Vuelvo a la mesa, y miro a Lupita con otros ojos, y me dispongo a hacer que esta noche, al menos mientras el Caracol Beach siga abierto, Lupita no se sienta sola.

Posted by Kenzo Tomochu at 16:44:40 | Permalink | No Comments »

Friday, June 12, 2009

How deep is your love

¡Resolver la duda no te hará más feliz!, exclamó ella. Posiblemente tienes razón pero lo necesito, replicó él…

El sol caía por detrás de la tierra, tiñendo el cielo de una extensa variedad de rojos anaranjados, mientras ambos quedaron en silencio. La mano de ella se acercaba al dedo índice de él, acariciandolo levemente, casi de forma imperceptible, como el cosquilleo de una hormiga. Su dedo, aunque unido al resto de la mano, se resistía al natural impulso del hombre de apartar la mano.

Callados ambos el tiempo se les hacía más lento, parsimoniosa la caída del sol, el horizonte se difuminaba y los ojos de ambos evitaban encontrarse…

No, sé si te puedo dar una respuesta ahora, empezó a balbucear sin mucha fuerza ella. Los de él ojos hundidos en la lejanía comenzaron a derramar lágrimas como un torrente infinito, las lágrimas le resbalaban por el torso desnudo y caían a tierra y se convertían en barro doloroso.

Ella le miraba sin poder darle la esperanza que él necesitaba,que él demandaba, que él suplicaba…dime algo respondió él, aunque sea lo que no quiero oír, aunque me mates por dentro necesito saber algo…

Ahora ella sorbe las lágrimas para dentro, la situación ha sido cómoda mientras él no ha demandado nada, mientras la historia no la exigía nada, ahora y desde hace una semana, él le reclama que no se marche que se quede a su lado, que esto no sea una simple historia conveniente para ambos. Ella tiene que ver si está deseosa y preparada, de saltar al vacio juntos,pero no lo sabe. Hasta ahora le era fácil compartir la semana con el otro, ese otro que aparece en los retratos que pueblan su casa de casada. Dejar atrás todo requiere una certeza que ella no posee, pero que él necesita, para no seguir ilusionándose.

El hombre mira como el sol termina de desaparecer y toma la resolución de levantarse, la mano de ella,  todo el cuerpo y las lágrimas que ahora si salen del rostro de ella, se quejan por la decisión, pero en el fondo la ven conveniente, no seguirán al hombre cuando se vaya.

Anocheciendo ya, el hombre camina liberado, porque en su cobardía , ha sido capaz de terminar la relación dejándola a ella como culpable, sin siquiera tener que confesarla que él también es un hombre casado.

(con la colaboración de EHF, que ha tejido la trama argumental)

Posted by Kenzo Tomochu at 17:32:57 | Permalink | Comments (1) »

Tuesday, June 9, 2009

El mes de los arándanos…

Se quejó amargamente, mientras le brillaban los ojos por la indignación. ¡Yo no era, nunca estuve allí! protestaba, pero ella no quería escucharle.

Nunca antes habían discutido, era la primera vez, Malene se sentó en el suelo, entre la arena y comenzó a juguetear con los restos de una concha, no dispuesta a dar su brazo a torcer.

El mes de los arándanos, siempre había sido un mes de discusiones en su casa, ella siempre asociaba la textura, el color e incluso el sabor  de la mermelada de arándanos rojos - lingonsylt- a los gritos que intercambiaban sus padres cuando caía la tarde y ella asistía en silencio a esas discusiones, prometiéndose que nunca dejaría que los celos, el mal humor o el enfado entrara en su vida, mientras devoraba las tostadas que untaba su madre la mermelada casera.

A los diez años, los principios pueden ser inquebrantables, a los veintidós se dió cuenta que sería imposible mantener esa promesa. Ahora a sus treinta y seis, sabe que es más fácil dejar de comer sabrosas rebanadas de mermelada de arándanos recogidos durante las noches blancas, que no discutir con Poul.

Qué más daba que él no hubiera estado allí, que no fuera él, el que se besaba con Annette en el malecón del puerto al atardecer, aunque ella lo hubiera visto, aunque Annette se lo hubiera confesado, lo que de verdad le dolía era que por primera vez discutía con él.

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Monday, June 8, 2009

Nada que comentar…

Una vez te escribí con palabras prestadas, sí recuerda, fue la vez que sentí que te perdía. Esa vez te recuperé, pero desde esa noche eramos tres en la cama, tú y yo, como siempre y el poeta al que le había robado su lírica.

Esa noche tú no te diste cuenta, pero el poeta hizo su hueco entre tú y yo, sin levantar la voz, sin protestar, pero sin tregua, sabiéndose necesario, sabiéndose imprescindible, esperando que necesitara otra vez palabras suyas, para ir poco a poco construyendo una fina teleraña, que te separara de mi. ¿Cómo expresarte en mis propias palabras, el amor que sentía, cuándo él lo describía sin apenás parecer que le constara trabajo? Con palabras límpias, con palabras puras, con palabras sonoras, derritiendo tu natural cascara de hielo.

Ambos nos hicimos adictos al poeta, yo a recitar como si fueran mías sus palabras y tú a escucharlas, así pasaron los meses, y cuanta más pasión parecía que entre los dos existía, yo más solo me sentía, no tenía un sólo reproche que hacerte, era el engaño al que te sometía, lo que aprisionaba mi respiración, lo que me agitaba el pulso.

Llegó el invierno y con él, el último poema del poeta, recibí la noticia de su muerte como una liberación, como la oportunidad de volver a sentir que la distancia entre ambos se reducía. Pero antes de provocar esa catarsis liberadora, decidí como último homenaje al poeta, recitarte como mío el postrer poema.

Ahora entiendes, porqué te deje escapar, porqué te marcharte, quien iba a imaginar que el poeta del amor, también podía escribir sobre el desamor, la separación y el olvido. Al terminar de recitarlo, ambos nos encontramos con lágrimas en los ojos, por la hermosura del texto, por la tristeza del momento, y sin decirnos nada más te marchaste.

Posted by Kenzo Tomochu at 14:01:45 | Permalink | Comments (2)