El mes de los arándanos…
Nunca antes habían discutido, era la primera vez, Malene se sentó en el suelo, entre la arena y comenzó a juguetear con los restos de una concha, no dispuesta a dar su brazo a torcer.
El mes de los arándanos, siempre había sido un mes de discusiones en su casa, ella siempre asociaba la textura, el color e incluso el sabor de la mermelada de arándanos rojos - lingonsylt- a los gritos que intercambiaban sus padres cuando caía la tarde y ella asistía en silencio a esas discusiones, prometiéndose que nunca dejaría que los celos, el mal humor o el enfado entrara en su vida, mientras devoraba las tostadas que untaba su madre la mermelada casera.
A los diez años, los principios pueden ser inquebrantables, a los veintidós se dió cuenta que sería imposible mantener esa promesa. Ahora a sus treinta y seis, sabe que es más fácil dejar de comer sabrosas rebanadas de mermelada de arándanos recogidos durante las noches blancas, que no discutir con Poul.
Qué más daba que él no hubiera estado allí, que no fuera él, el que se besaba con Annette en el malecón del puerto al atardecer, aunque ella lo hubiera visto, aunque Annette se lo hubiera confesado, lo que de verdad le dolía era que por primera vez discutía con él.