Por las noches…
El viento descansa al menos de noche, pero el mar se despierta al caer el sol, el pequeño barco cruje por todas sus rendijas, y los tripulantes echan de menos descansar después de las agotadoras jornadas a las que les somete el viento meltemi.
Las noches terminan tarde, el día empieza pronto, y bajo el cielo griego, algunos maldicen a unos dioses esquivos, otros callan en un silencio resignado.
La sal se pega a la piel, la sal de un mar azul, los marineros griegos sonrien mostrando sus dientes francos, su piel curtida, saludando con la cortesía de una camadería milenaria.
Vuelven a puerto de noche, para reponer fuerzas, para beber ambrosía, para reir y prepararse para desafiar otro día más al mar griego.