Monday, August 31, 2009

Siempre de improviso…

La luz reflejaba en todas las esquinas iluminando la estancia, haciendo innecesario el uso de la pequeña lampara de pie. La decoración reflejaba los distintos estados de ánimo y las etapas personales que había recorrido hasta llegar al día de hoy. Por ejemplo, el sofá y la mesa baja, donde ella dejaba sus libros, eran incapaces de convivir en ninguna habitación del mundo, pero en esta casa aparentemente eran capaces sino de combinar entre ellos, si de tener su derecho a coexistir. Es increible que haya visto como el cuadro se va configurando poco a poco, recuerdo el sofá en su casa de Paris, la lampara comprada en el Rastro, la mesa, quizás la construyó ella misma.

Pero que realmente me enamoró fue la vista desde las ventanas, el mar se podía ver desde cualquier ventana de la casa. Un mar bravío y desafiante, que se enfrentaba a diarío a un escarpado acantilado, la costa norte es así en cualquier país, pero más en éste, añadió ella como refuerzo a la visión que se me presentaba desde la ventana.

Y que decirte de ella, que siempre que pienso que va a desaparecer de mi vida, vuelve a aparecer, y aparece con fuerza, atropelladamente, una llamada, un mensaje, y otra vez está ocupando un espacio importante de mi vida, como si siempre hubiera estado conmigo, como sí no se hubiera marchado nunca.

Dos días atrás, ni siquiera me imaginaba que estaría en el aeropuerto dispuesto a volar más de tres horas, sólo por una llamada suya, y una súplica, “Te necesito, mi amor”, y siempre de improviso.

Sé además que hasta dentro de unos días, no sabré el motivo de su llamada, mientras tanto iremos llenando los huecos que el otro no conoce, de dos vidas que se encuentran y separan, que se golpean con la intensidad de este mar que ahora resuena en toda la casa, y que se alejan como la marea baja.

Posted by Kenzo Tomochu in 12:31:53
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