Thursday, September 24, 2009

Un mujer desnuda y en lo oscuro

Cuando recuerdas mentalmente las líneas de gran poeta recientemente muerto, un escalofrío te recorre la espina dorsal, mientras la miras, el humo de cigarrillo crea una fina neblina entre tu y ella, haciéndote un poco más invisible a sus ojos, y permitiéndote casi espiarla sin el pudor de lo obvio.

“Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
de modo que si sobreviene
un apagón o un desconsuelo
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda”

El breve lapso de tiempo que ha transcurrido, entre tu mirada y su sonrisa te hace pensar que posiblemente le gusta ser observada, que necesita ser observada por ti, mientras el cigarrillo se muere en tus manos, sin que apenas te des cuenta

“entonces las paredes se acuarelan
el cielo raso se convierte en cielo
las telarañas vibran en su ángulo
los almanaques dominguean
y los ojos felices y felinos
miran y no se cansan de mirar”

Parece inminente el encuentro, y te sonries por dentro, y ella se acerca lentamente, tan lentamente que puedes saborear instintivamente el momento que acabará por llegar. La deseas sin conocerla, que es como nace el deseo puro, y crees que todos los músculos de tu cuerpo le demuestran tus ganas y urgencia.

“una mujer desnuda y en lo oscuro
una mujer querida o a querer
exorcisa por una vez la muerte”

La mujer te mira a menos de diez centimetros de distancia, sintiendo el vapor que sale de las aletas de su nariz, crees que es el momento, pero ella se adelanta y acaricia tu cuello con un beso, un beso profundo, un beso que eriza los pelos de tu nuca, y que te hace sentir vivo de nuevo, con la prisa del deseo ambos comenzais una danza desordenada de caricias y besos, y antes de que te des cuente, su vestido ha caido, y la completas en su infinita desnudez, y una vez más las palabras de Benedetti, te inundan la cabeza, jugando a abrazar la imagen desnuda de ella.

Posted by Kenzo Tomochu at 19:37:04 | Permalink | Comments (1) »

Thursday, September 17, 2009

La mañana siguiente

Levantarse al alba, con los primeros rayos del sol golpeando la cara,no es del todo una agradable sensación, te despiertas en la cubierta del barco, y apenas recuerdas la noche anterior. La resaca convertida en pequeños y molestos alfileres está taladrando tu hoy maltrecho cerebro.

Para solucionar ese malestar, te desnudas y te tiras al azul mar Egeo, esperas que al sumergirte en el agua te termines de desperezar, y nadas, nadas hasta que los brazos te empiezan a doler, te dejas llevar por la corriente y te alejas del barco, lo suficiente para poder contemplar su silueta enmarcada en la bahía donde fondeasteis anoche.

Hoy el mar y el viento parece que darán un poco de tregua a la tripulación, que presumes tan cansada y poco lúcida como te encuentras tú mismo ahora.

Te encantaría quedarte un rato más disfrutando de esta calma, pero sabes que estos momentos de paz son efímeros y cuando se alargan se terminan estropeando. Nadas de vuelta hacia el barco, y te colocas encima el traje de baño y la camiseta que todavía huelen a la noche pasada.

Cuando desciendes por la escalera hacia el interior del barco, te sorprende descubrir que no es tu barco, es un modelo identico, pero no es el barco que habéis alquilado para las vacaciones. Estás a punto de preocuparte, cuando desde uno de los camarotes que tiene la puerta abierta, una mujer tumbada en la cama te sonrie con complicidad, como si os conocierais, y te hace gestos para que entres en el camarote.

Piensas que quizas la noche no estuvo tan mal, pero te preocupa que van a pensar tus amigos cuando se den cuenta que has desertado, crees que involuntariamente, del barco, pero aparcas esa preocupación hasta saber que va a pasar en los próximos minutos en este camarote y con esta mujer que ahora te comienza a besar.

Posted by Kenzo Tomochu at 12:56:25 | Permalink | No Comments »

Sunday, September 13, 2009

¿Insomnio?

Por las noches Jan no duerme, nunca ha dormido, aprovecha su insomnio para escribir, se sienta delante de una hoja en blanco y sin pensar rellenar la cuartilla hasta que sale el sol. No piensa lo que escribe, deja volar su imaginación, escritura automática, la llaman.

A veces se sorprende por la coherencia invisible de las frases construidas al azar, aunque por lo general la sucesión anarquica de palabras no sigue ningún patrón que pueda ser entendido. Esta noche es una de esas gratas excepciones.

Mientras se ducha para ir a su trabajo, medita bajo el chorro fino de agua fría, ¿Por qué ha escrito, el último parrafo? ¿qué sentido tiene haberlo escrito, si siempre ha estado solo? ¿quién es ella?.

Se viste lentamente, calzoncillo, camisa, calcetín, pantalón,zapatos, corbata, chaqueta, mira de soslayo otra vez la cuartilla escrita anoche. Vuelve a reparar en la última frase, “Mirándote como ahora, descubro en tu mirada una serenidad que asusta, mujer quedate parada, inmovil, desnuda en el umbral de la puerta, mientras te retrato con palabras”.

Sale por la puerta preocupado, tan preocupado que no es capaz de reparar en la hermosa mujer que duerme plácidamente en la cama.

Posted by Kenzo Tomochu at 17:59:03 | Permalink | No Comments »

Sunday, September 6, 2009

Poco te importa…

Cuando quieres pensar te sientas en el banco de la alameda, naciste a dos calles de allí. Ahora la ciudad ha cambiado demasiado para reconocerla con lo poco que la visitas, pero al menos el ayuntamiento ha decidido mantener esos bancos de piedra.

Te sientas y automáticamente tu mente empieza a flotar, recuerdos que se acumulan, imagenes de momentos pasados, el verano ha vuelto a terminar al morir agosto, es cierto que formalmente quedan tres semanas para que el otoño se instale en nuestras vidas, pero hace ya muchos años que estableciste la formalidad que para ti el otoño empieza al terminar las vacaciones.

La gente pasa a tu lado, rápido sin detenerse, impuestos en la prisa cotidiana, retomando la vida diaría, sin reparar en tí, sin fijarse. Es lo mismo, poco te importa, porque tu estás lejos, muy lejos, a más de un millón de kilómetros, sentado en otro banco, en otra alameda, dejando que la suave brisa te empape, pensando en ella. Esperando que ella salga de trabajar, como todos los viernes por la tarde, y tú mientras tanto ojeas el periódico, sin más preocupación.

Ahora, vuelves al día de hoy, sigues sentado en el mismo banco, añoras ese pasado, aún sabiendo que tienes que seguir adelante, que todo te vaya bien.

Empieza el otoño, este otoño, y que poco te importa…

Posted by Kenzo Tomochu at 21:11:39 | Permalink | Comments (6)