Rompesueños
El día amaneció lluvioso, y el olor a hierba mojada se mezclaba con su perfume, tan cerca como estabamos los dos. Nos quedamos debajo del paraguas sin movernos, por no mojarnos, sin hablar por no discutir, los dos con todos los músculos de la cara demostrando la tensión que ambos sentiamos al volvernos a encontrar.
Es curioso que dos personas que no pueden convivir en el mismo país, se encuentren confinados en los límites de un paraguas, atrapados por la lluvia incesante. Hubo un tiempo que la deseaba desde la salida del sol hasta que ambos caíamos rendidos al anochecer, exhaustos de tanta felicidad.
Pero como pasa en la realidad, la vida nos sobrepasó a ambos, y después de un tiempo nuestra relación se rompió y todo se tornó reproches, discusiones y noche sin dormir.
Hoy estamos los dos esperando bajo el mismo paraguas, a que un amable alemán cincuentón que quiere comprarnos nuestra casa, aparezca, es lo último que nos une, el último sueño que tuvimos los dos,
una casa en el campo, dónde disfrutar de nuestra vejez que nunca llegará en plural a nuestras vidas.
Hace ya un rato que deseo que este alemán no aparezca, y poder volver a tener una excusa para estar otra vez con ella.