Todavia la quería
El tacto de sus manos me recordó mi pasado, manos suaves de franca complicidad. Después de saludarnos con un apretón, se sentó a mi lado.
No hablamos en un rato, quizás por timidez, quizás por cobardía, los dos estuvimos mirando la pared blanca y el cartel que indicaba silencio. Por una torpeza de la recepcionista del hospital, ambos estabamos aqui, pero quizás la torpeza fuera de Anne no haber borrado mi teléfono de su agenda, por haber mantenido mi teléfono como contacto en caso de emergencias.
En cualquier caso, allí estabamos sus dos maridos, yo con el prefijo de ex delante y Claus como vigente titular de la plaza. El pronóstico era estable dentro de la gravedad, el coche había chocado de frente contra un camión que había perdido el control.
En las tres horas que habían pasado, había llamado a Claus, había repasado varias veces la última vez que hablé con ella, pensando ahora sí de verdad, si esa sería la última vez. Ahora que ella había salido del peligro, mi presencia en el hospital era innecesaria, me despedí de Claus y deseé lo mejor para ambos.
Fuera llovía, siempre llueve en Copenhagen cuando las cosas tienden a irme mal. Conté las monedas del bolsillo, tenía coronas suficientes para un café en el seven eleven de Torvegade.
Me senté en el banco de al lado del canal asustado por descubrir que todavía la quería.