Sopa de champiñon y una amiga
La sopa estaba en el plato, humeaba y olía a gloria bendita, y yo con el frío de noviembre y sin atreverme ni siquiera a probarla, antes de que ella terminara de hablar.
Me estaba contando lo atractivo que era su novio y lo bien que la trataba, y yo sólo era capaz de pensar que la sopa estaría mucho mejor si le hubiera puesto unos picatostes.
Hubo un tiempo que la hubiera mirado a los ojos murmurando "cosita linda", ahora sólo espero que termine su perolata con la cuchara en la mano.

