Thursday, January 17, 2008

Siento la imperiosa necesidad...


El autobus rojo con el número 27 para un momento enfrente de ese hombre, que soy yo, y me da tiempo, aunque son unos escasos segundos, para fijarme en ella. Morena, mirada distraída y una bufanda que le tapa la boca, pero debajo de esa bufanda creo que ella me ha sonreido. 

A lo lejos aparece un taxi libre, esto debe ser una premonición, porque a estas horas nunca pasa un taxi libre, lo paro y le digo las mágicas palabras, deslucidas por el calibre del vehículo objeto de mi persecución,"Siga ese autobus, el 27", el taxista me mira perplejo, hasta que le indico con un gesto de cabeza que se apresure.

El autobus está ahora al final de la calle, a unos 150 metros, le pido al taxista que se ponga en paralelo con el 27, ella continua absorta y mirada perdida, la llamo por gestos desde la ventanilla del taxi, y ella por fin atiende, y con un gesto extrañado me inquiere, me toco el corazón como un Romeo dispuesto a empezar su declaración de amor en el balcón de una Julieta motorizada. El ademan y la postura ridicula de mi cuerpo, la cara del taxista y la ventana medio abierta, confieren al cuatro de una hilaridad contagiosa. Ahora además de la hermosa desconocida me están observando un anciano con gorra de cuadros, un hombre calvo con bigote, y dos colegiales todos riendo.

Sacó de mi maletín una hoja de papel, y escribo con trazo firme y con una grafia que cualquier ordenador confundiría con Arial tamaño 72, la siguiente frase "Siento la imperiosa necesidad de besarte", mientras el coro mira divertido y el señor con bigote aplaude entusiasmado, ella se levanta, mientras me indica que se va a bajar.

El taxista ya más atento a la escena que al tráfico, ha colocado diligente el vehículo a pocos metros de la parada del autobús, mientras ella desciende del autobús, yo me he apeado del taxi, ella se acerca mientras va quitando de su cuello y boca, la bufanda, en una suerte de striptease candido y pudoroso, cuando se llega a mi altura, acerca su boca a mis labios y sella un beso, un beso de primer premio de campeonato de besos sensuales y amordazantes.

El beso dura un suspiro o unos minutos, o ambas fracciones de tiempo a la vez, cuando separamos nuestras bocas, nos quedamos mirando, el taxista continua a unos pasos como convidado de piedra de la escena. Ella por fin habla, dirigiéndose a mi "¿Algo más, Romeo?", me quedo callado, paralizado, todavía impactado por el beso, ella me mira, y luego se dirige al taxista, "Usted, ¿me puede acercar hasta Colón?, acabo de perder mi autobús".

El taxi, para un momento enfrente del niño, en el que me he convertido, mientras ella se despide con un adiós con la mano, mientras su recién recuperada bufanda tapa otra vez la boca que creo que me sonríe.
Posted by Kenzo Tomochu at 14:47:37 | Permanent Link | Comments (0) |
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