Friday, February 01, 2008

a dozen danish cookies in a blue metal box...


Las conté tres veces para asegurarme, doce galletas de mantequilla, las volví a dejar en la caja de metal azul y la cerré con cuidado, y las volví a dejar en la alacena. En los últimos tres días este sencillo ejercicio había apartado mi mente de la locura.

Miré por la ventana y descubrí que las luces de la ciudad desde la ventana del salón parecían pequeños barcos en un mar oscuro, traté de imaginar la última vez que vi el mar, un mar tan oscuro, negro de tormenta.

Bajé la persiana, y dejé que las sombras de la noche me atraparan, tumbado como estaba en mi cama, encendí la radio y moví el dial hasta encontrar una emisora que emitiera música que me ayudara a dormir.

Conseguí dormir, o al menos al llegar el amanecer, éste me sorprendió dormido. Abrí la ventana y el frío de la mañana penetró en la habitación y mi piel se tornó en gallina, y mis pies descalzos notarón como un súbito escalofrío y un punzante sentimiento de hambre se instaló en mi estómago.

Corrí hacía la alacena, cogí la caja, al abrirla descubrí que era lo último que me unía a mi anterior relación, doce puñeteras galletas de una caja que no hacía tanto había estado llena y unos días antes había entrado por la puerta debajo del brazo de ella.

Ahora ella ya no estaba y yo me había aferrado a esas galletas como un estupido fetiche, aunque estaban rancias, las comí con ansía con anhelo, cuando terminé la última galleta, tiré la caja azul y de repente olvidé todo, las galletas, a ella y el tiempo que había perdido.
Posted by Kenzo Tomochu at 22:47:33 | Permanent Link | Comments (0) |
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