La roca
La playa estaba solitaria, el perro corría unos metros delante mio. Me gusta que ver amanecer en la punta del faro, cuando es todavia demasiado pronto para que los turistas alemanes lleguen con sus caravanas y la playa se convierta en un tumulto de gritos, voces y suciedad.
Cuando llego a la punta del faro, me siento en una roca y miro el horizonte, durante los últimos cinco años he cumplido el mismo ritual, cada día del mes de agosto. Solos mi perro y yo, a estas hora, donde el sol todavia no ha hecho su aparición, el mundo se resume en pequeños detalles.
Pero esta mañana es diferente, no es igual al resto de mañanas. Esta mañana alguien está sentado en mi roca, en mi roca y sin preguntarme. Otto me mira extrañado, la aparición del extraño ha paralizado sus extremidades. Lo normal, sería que yo sentado en la roca le lance un palo al mar, y él se bañe con los primeros rayos del sol. Ahora para los dos ha terminado, ya nunca volveremos a la roca donde ahora reina un solitario extraño con un sombrero de paja. Ha roto sin saberlo un íntimo momento, ambos emprendemos en silencio y con tristeza el camino de vuelta a casa.
Las algas secas se enganchan en las patas de Otto, pero el ni siquiera intenta zafarse de ellas, las gaviotas se pelean por los restos de una barbacoa nocturna, y yo meto las manos y mi desesperación en mis bolsillos.
A lo lejos, un barco pesquero abandona el puerto, no quiero volver a casa. Me quito la camiseta y las zapatillas, y me interno en el mar, el olor a salitre y las algas me envuelven, el agua esta como siempre fría. Otto se ha quedado en la orilla. Cuando el agua me cubre la cintura comienzo a nadar, primero con un ritmo frenético, luego el cansancio y la respiración desordenada, me obligan a ralentizar la marcha. Paro y miro a la playa, Otto sigue parado al lado de mis zapatillas. Miro a mi antigua roca, el hombre del sombrero no se ha movido, el agua fría se clava como agujas.
Vuelvo a la orilla lentamente, cuando llegue a casa, cojeré mis cosas, todas mis cosas y me marcharé.
Si Otto se quiere venir será bienvenido. Se que mi mujer lo entenderá, lo unico que me unía a ella era saber que cada mañana podía sentarme en la roca donde la besé por primera vez y recordar nuestros antiguos momentos felices mientras salía el sol.

