Camiseta verde manzana
Un día de estos me voy a emborrachar - respondió Tomás a mis preguntas sobre como le iba la vida.
A Tomás le gustaba echarle la culpa de todo a la mala suerte, sí sonaba una mala canción en la radio, si se acababa el agua caliente antes de ducharse, si no encontraba su camiseta verde manzana, esa que le hacía según sus propias palabras irresistible a las mujeres.
Tomás se había quedado anclado en los diecinueve años, cuando el resto de sus amigos seguimos creciendo, terminamos la universidad, nos independizamos, empezamos a trabajar, nos casamos, nos divorciamos, tuvimos por el camino esperanzas, frustraciones, incluso alguno comentó que era feliz. Tomás no, él seguía levantándose al mediodía, leyendo el jueves y pasando las horas muertas en el banco del Retiro donde conocí a Esmeralda, hace ya veinte años . Todas las tarde, sea invierno o verano baja al parque con una vieja camiseta verde manzana llena de remiendos y agujeros, esperando que ella vuelva a pasar y le reconozca.
Mientras tanto, sus amigos reíamos a sus espaldas, sabiendo que nunca esa chica inglesa, que apareció un veran por Madrid, volvería a sentarse en un banco al lado de un hombre que dos días después de conocerla había tenido tenido, como decían los médicos una lesión cerebral muy severa, y lo había dejado para siempre estancado en los diecinueve y atado a una silla de ruedas y a una vieja camiseta verde manzana.

